Por Susan Rosenthal
Traducción para Daniel Raventós
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1616
Todas las promociones de valores bursátiles incluyen esta cautela: “rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros”. Los valores bursátiles que hoy tienen gran aceptación pueden no tener ningún valor mañana porque ninguno puede predecir el futuro. Ni el mercado de valores ni el tiempo pueden ser previstos con certeza, y ninguno de nosotros puede conocer con seguridad dónde estará el próximo año.
La única constante en la vida es el cambio. Crecí durante los 60, tiempos de gran cambio social. Negros, mujeres y gays se manifestaban por sus derechos. Los trabajadores estaban ganando mayores salarios y pensiones. Estados Unidos estaban siendo vencidos en Vietnam. Yugoslavia estaba intacta. Alemania estaba dividida. Y los ordenadores solamente se encontraban en los laboratorios científicos.
Pocas décadas después, el mundo ha cambiado drásticamente; así también las expectativas de la gente. Mis padres esperaron que yo tuviera una mejor vida que la que ellos tuvieron; yo no espero que a mis hijos les vaya tan bien como me ha ido a mí. Alcancé la edad adulta con grandes esperanzas de futuro; mis nietos se preguntan si el mundo durará lo bastante para que puedan tener hijos.
Dados tantos cambios en un período tan corto de tiempo, me sorprende cuando la gente se obstina en que el cambio no es posible, que el pasado predice el futuro de los individuos y de la sociedad.
Consideremos afirmaciones tan comunes como éstas: no se puede cambiar la naturaleza humana; una vez se ha delinquido, siempre se será criminal; se probó el socialismo-comunismo, y no funcionó; nunca se conseguirá que la gente coopere, se manifieste, se rebele, etc.
Esa negatividad sirve como una profecía autocumplida; impide el cambio. Cuando no esperamos ningún cambio, nada hacemos para forjar cambio alguno.
La elite dirigente es la única beneficiaria de ese colapso masivo de la imaginación. Seguirá en el poder mientras logre convencernos al resto de que el capitalismo es el único sistema posible; que es fútil, y aun temerario, desear otra cosa.
Como todas las clases dirigentes que en el pasado han sido, la clase capitalista quiere dominar para siempre. El único cambio que quiere: más capitalismo. Organiza la sociedad como si no hubiera ni pasado, ni futuro, ni consecuencias. Sólo los afanes del día: la venta de hoy, el beneficio de hoy. Conocemos las consecuencias: devastación medioambiental, epidemias de enfermedades evitables, guerras de rapiña sin cuento, y una monstruosa codicia que pisotea vidas humanas de extremo a extremo del planeta. Su sueño: nuestra pesadilla.
Atrévete a imaginar
Afortunadamente, el pasado predice el futuro. Las civilizaciones van y vienen. Los imperios ascienden y caen. El capitalismo cederá el paso a nuevas sociedades. Otro mundo es posible.
No todas las posibilidades están a nuestra disposición. No podemos hacer retroceder el reloj. Solamente podemos ir hacia adelante. Y no pudimos elegir las condiciones que acompañaron nuestro nacimiento ni las que determinan el marco de nuestra lucha. Sin embargo, podemos tomar decisiones hoy que cambiarán el futuro.
Podemos optar por creer en la posibilidad de dejar a un lado el capitalismo y las divisiones de clase. Podemos optar por creer que la mayoría tiene un interés común en tirar para adelante juntos. Podemos optar por imaginar un futuro bueno, ¡incluso maravilloso!
Conocer nuestro pasado es indispensable para cambiar nuestro futuro. Para descubrir qué podemos llegar a ser, debemos conocer el modo en que el capitalismo nos ha conformado para ser lo que ahora somos. Si valoramos los problemas que nuestros antepasados resolvieron en el pasado, podemos conseguir la confianza para resolver los que tenemos planteados en la actualidad.
Puesto que el futuro es desconocido, no podemos vaticinar si nuestros esfuerzos tendrán éxito. Podemos optar por actuar en todo caso con esperanza, en lugar de rendirnos al pesimismo, la pasividad y la desesperanza.
El pasado no predice el futuro. El futuro es nuestro para compartirlo, mediante la toma de decisiones que darán frutos mañana. Permitámonos el sueño de un mundo mejor -un mundo afable, compartido y realmente democrático. Permitámonos hoy aquellas acciones que nos acercarán a ese mundo.
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